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El origen de la peregrinación a Compostela por el Camino del Norte, ruta que entra en Galicia procedente de Asturias, se remonta a los momentos inmediatamente posteriores al descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago (siglo IX). Los caminos astur-galaicos fueron pioneros en encauzar peregrinos hacia Santiago. Esta ruta poseía una vitalidad semejante a los demás caminos jacobeos más antiguos, antes de que, en los siglos XI-XII, los monarcas hispanos potenciasen el Camino Francés como itinerario jacobeo privilegiado. La promoción del Camino Francés no produjo la decadencia de los caminos de peregrinación astur-galaicos.

En general, los peregrinos venían por tierra desde Francia, o por mar, procedentes de países europeos del norte, recalando en los puertos vascos, cántabros y gallegos. Después caminaban al encuentro de San Salvador de Oviedo y del jubileo compostelano. Para la entrada de Galicia había diferentes alternativas. Se podía cruzar en barca, de Castropol a Ribadeo, que recibía otros peregrinos por mar y contaba con hospital, o bien bordear el río Eo, que disponía de varios puentes, uno de ellos el de Santiago de Abres. Estos pasos generaban diferentes itinerarios en dirección a Vilanova de Lourenzá, Mondoñedo y Lugo

Hospitalidad y Peregrinación en el Camino del Norte

En el barrio de A Ponte, en Ribadeo, donde está la Capilla de A Nosa Señora das Virtudes, se situaba el primer hospital gallego de la ruta. Se denominaba Hospital de A Nosa Señora da Ponte y fue fundado en 1543 para atender a los peregrinos llegados del Reino de León y del Principado de Asturias. Se iniciaba así, en el Camino del Norte, la singular experiencia de la acogida hospitalaria, mezcla sensible de caridad cristiana y asistencia filantrópica. En el Monasterio de Vilanova de Lourenzá recibían buena atención los peregrinos, pues los benedictinos fueron pioneros en este tipo de atenciones y caridades. El capítulo LIII de la Regla de la Orden sintetiza magníficamente este sentimiento:
“Que todos los huéspedes que lleguen al monasterio sean recibidos como si fuesen el mismo Cristo”

El conde don Osorio Gutiérrez, fundador del cenobio, dedicó parte de su testamento a la dotación de camas para la hospedería de pobres y peregrinos. Fue en el año 969, lo que acredita la vitalidad del Camino Norte ya a mediados del siglo X. En Mondoñedo está documentada, desde 1602, la existencia del hospital de San Pablo, para peregrinos que van a Compostela. En ese año, el obispo González de Samaniego informa de su existencia al Papa, advirtiendo que el centro asistencial estaba bien dotado y que por él pasaban muchos romeros gallegos y extranjeros. El otro gran centro monástico de la ruta es el de Sobrado dos Monxes. Tras su refundación e incorporación al Císter, en 1142, se convirtió en uno de los cenobios más importantes de Galicia y en uno de los más conocidos por los peregrinos, lo que incluso propició desvíos desde otros itinerarios.

Entre los miles de jacobitas que peregrinaron a Santiago por el Camino Norte, a lo largo de los siglos, destaca la figura de San Francisco de Asís. Según la tradición, peregrinó a San Salvador de Oviedo y a Santiago de Compostela en 1214. A finales del siglo XV el obispo armenio Mártir de Azerdjan, que sintetizó como nadie el significado del Pórtico de la Gloria en su relato de la peregrinación, viajó a Roma y Santiago. Tanto para la ida como para la vuelta eligió el Camino Norte, pasando por el País Vasco, Cantabria y Asturias. Del siglo XVI existen dos relatos de peregrinos que siguieron esta ruta: los de Antonio Lalaing, señor de Montigny (1502), y el italiano Bartolomeo Fontana (1539)
Durante el barroco también hay peregrinos que escribieron sus experiencias. Jacobo Sobieski (1611), padre del rey Juan III de Polonia, peregrinó por el Camino Francés hasta León, tomó el desvío a Oviedo y se dirigió por el camino de la costa hasta Ribadeo, para seguir hasta Santiago por el Camino Norte. El italiano Sebastián Gatti llegó en 1698 a Ribadeo por mar y continuó a pie hasta Santiago.
El francés Guillermo Manier y sus compañeros de peregrinación (1726) eligieron el Camino Norte como itinerario de regreso a ultrapuertos. Por último, su compatriota Jean Pierre Racq (1790), dejará un relato detallado de su peregrinación a San Salvador de Oviedo y a Santiago de Compostela por el Camino Norte
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